Damos una cálida bienvenida a Cristina Yebra en Pontea como nueva operations manager.
Maestra y Máster en Prevención de la Conducta Suicida, ha desarrollado su trayectoria uniendo educación, intervención social y prevención en contextos vulnerados, coordinando equipos y proyectos sociales integrales. Autora de guías, protocolos e investigaciones en esta materia, cuenta con amplia experiencia en formación a profesionales y población general. Busca trabajar desde el rigor y la mirada humana, convencida de que cuando la vocación se organiza y se cuida, se transforma en impacto real. Comparte la vida con Nicolás y sus hijos, Sofía, Nico y Martín.

¿Qué te ha hecho decir «sí» a Pontea?
He dicho «sí» porque lo viví como un regalo de Dios.
No estaba buscando simplemente un nuevo rol. Estaba orando por crecer, por seguir avanzando en carácter, en liderazgo, en fe. Y cuando apareció Pontea, sentí esa mezcla tan reconocible: paz y vértigo a la vez.
Paz porque había coherencia con mi ministerio. Vértigo porque suponía salir de lo conocido y confiar. Pero he aprendido por experiencias pasadas que cuando Dios abre una puerta que te saca de la zona de confort, normalmente es porque quiere formarte más profundamente.
Para mí no es solo un trabajo, como decía, es un ministerio. Es la oportunidad de servir desde la estructura, desde lo invisible, para que otros puedan brillar en lo visible. Y eso, honestamente, me emociona.
En pocas palabras, ¿qué te gustaría aportar al equipo desde operaciones?
Me gustaría aportar orden con propósito, me explico: no creo en los procesos vacíos. Creo en estructuras que sostienen visión. En sistemas que liberan en lugar de controlar. En métricas que nos ayudan a ser fieles, no solo eficaces.
Deseo que lo que hacemos no dependa de la inercia o del entusiasmo del momento, sino que tenga raíces profundas que contribuyan al crecimiento. Que cada comunicador, cada evento, cada conversación tenga detrás una base sólida.
Y, sobre todo, quiero cuidar al equipo. Porque cuando el equipo está cuidado, la misión avanza con salud.
¿Qué es lo que más ilusión te hace en esta nueva etapa?
Me ilusiona que Dios me siga sorprendiendo, no quiero acomodarme ni funcionar en piloto automático. Aunque pueda sonar extraño, deseo que esta etapa me incomode lo suficiente como para depender más de Él.
También me ilusiona acompañar procesos, ver cómo jóvenes se atreven a preguntar, cómo líderes se forman para dialogar con la cultura sin perder el centro, cómo se tienden puentes —ver todo esto en primera persona me parece un privilegio.
Y me ilusiona aprender. Aprender del equipo, de los errores, de los desafíos… todo ello para continuar creciendo.
Si alguien lee esto y no nos conoce mucho, ¿cómo les contarías qué hacemos?
Diría que Pontea es un puente entre la fe y las preguntas reales de nuestra generación; entre la Iglesia y la cultura; un puente entre el mensaje eterno del evangelio y el lenguaje de hoy.
En Pontea creamos espacios seguros donde se puede pensar, dudar, dialogar. Donde caben todas las preguntas y la verdad no teme una conversación profunda.
Otra labor clave de Pontea es el acompañamiento a iglesias y líderes para que puedan anunciar a Cristo con inteligencia, sensibilidad, diálogo y profundidad, sin perder identidad y sin desconectarse de la realidad.
Una palabra que describa cómo te gustaría que fuera el impacto de tu trabajo aquí.
Fidelidad.
Me gustaría que el impacto de mi trabajo se traduzca en una fundación preparada para sostener lo que Dios quiera hacer a través de ella.
Un impacto que no dependa de impulsos, sino de convicciones profundas; que deje procesos claros y equipos fortalecidos.
Porque cuando somos fieles a lo que se nos ha confiado, el impacto tiene carácter eterno.


